La huida




Pensé que había huido de vos.
Otra vez el miedo.
Pero no.
Esta vez, me castigué a mí.
Toda compleja.

Basta.

Bastó con nombrarte para que aparecieras.

Bastó con pensarte para que me abraces.

Basta que te tema para volver a alejarme.

¿cuánto?


-¿Cuánto miden tus piernas?
- Una eternidad - contestó ella dibujando una sonrisa con sus labios.

Un pequeño adiós


Disculpá que así te vomite todas estas palabras e ideas que andan dando vueltas en mi cabeza, ya ni sé desde cuándo. Perdí la cuenta, como otras cosas que fui perdiendo con el tiempo. Lamentablemente, así como perdí algunas gané otras, pero que no son para felicitarme. Pero eso no es lo que me convoca.

No fue atracción a primera vista. Fue una observación pasiva y permanente la que me acercó a vos. Creo que por eso es tan difícil sacarte de ese lugar que ocupas. Perdoname que te llene de estas cuestiones pero no quiero que pase más tiempo sin que sepas lo que siento.

Trate de muchas formas de que no percibieras lo que me pasaba. Si, el miedo al rechazo es muy grande y no podría soportar tu lástima. Tampoco podría soportar el tiempo sin verte.

Sólo un indicio esperaba. Quizás no lo supe ver. Siempre tratando de averiguar tu situación, suspirando por ojo detrás de la lente y ni hablar de los sonidos de tu creación. Tengo algunas debilidades y creo que todas confluyen en vos.

Todo esto, simplemente para decirte adiós. Para seguir. Porque mi cobardía no me permitió avanzar y ahora estoy pensando en situaciones que podrían haber sido, que podrían haber pasado, que nos podríamos haber disfrutado. Podría, poder. Pero no.

Me cansé de ilusionarme y desilusionarme sola, sin mayor esfuerzo que el de imaginar. Confabular. Fabular. Crear. Todos verbos que serían grandes amigos pero si me permitieran pasar a lo real.

Siempre en mi sueño me gustaba pensar que compartiría mis espacios y mis tiempos con vos. Me gustaba pensar en nuestra compatibilidad. Me gusta pensar demasiado. Ese es el problema. Justamente tratando de dejar de lado este pensar, me despido. Quiero que se sepas que te quise, en un modo especial y en una forma particular. Yo estaré acá. Pero voy a seguir. Trataré que me importe poco en que caíste vos. Trataré, por mi parte, de caer en tierra fértil y florecer.

Escape perfecto


Ella se bajó del auto, casi huyendo de ese encuentro casual… aunque no creía en las casualidades. Escapó. Se escapó. De nuevo. Zafó. Se zafó. Nuevamente. Le costaba tanto escaparse, que sufría más el escape que quedarse.
Ella disfrutó cada minuto que duró aquel abrazo disfrazado de excusa para una foto. Una foto que, por suerte, demoró más de lo previsto en salir como debiera. Quietos, ambos, disfrutando cada segundo. Quietos sin más que una mano en la cintura y una cabeza apoyada en el pecho. Sin más que eso, pero sin embargo, hay algo ahí de lo que no pueden zafar. O ella no puede.
Ella y su cabeza libran una batalla. Quizás con un poco menos de su miedo y más de sus ganas (las de él) ella cedería. Ambos se juegan mucho, o demasiado poco. Ella más de lo que aún él podría imaginarse.
Ella no deja de preguntarse, con una nueva batalla, con ese miedo hacía él. Con ese miedo a sí misma.
 
“La vida eterna solo dura un rato y es lo que tengo para estar contigo”